Cómo desarrollar los recursos internos que permiten afrontar las dificultades y adaptarse a los cambios de la vida
Para promover la resiliencia de la personalidad es importante fortalecer algunos recursos internos fundamentales del Ego. En el marco de un desarrollo psicológico saludable, estos recursos se estructuran de manera armónica durante las primeras etapas evolutivas —infancia, niñez y adolescencia— permitiendo posteriormente al adulto alcanzar un nivel funcional de adaptación psicosocial.
Sin embargo, en ocasiones distintas vicisitudes pueden marcar e impactar negativamente en la vida de una persona, impidiendo el desarrollo regular de estos recursos internos y generando, como consecuencia, condiciones de malestar psíquico y existencial.
Veamos entonces cuáles son algunos de estos importantes recursos de la personalidad sobre los que, en ciertos casos, la psicoterapia puede ofrecer ayuda, apoyando su desarrollo:
Respeto por uno mismo: desarrollar un nivel saludable de autoestima permite al individuo ser menos vulnerable a las críticas externas y confiar más en sí mismo, fortaleciendo la seguridad necesaria para superar las adversidades.
Autocompasión: la maduración de una actitud estable de amabilidad hacia uno mismo ayuda a afrontar los fracasos de manera más constructiva y positiva.
Empatía: el desarrollo de la capacidad de comprender a los demás y representar sus estados internos permite abrirse a la diversidad de opiniones y aceptarlas con mayor facilidad, favoreciendo así una mejor adaptación a los cambios.
Habilidades sociales: la capacidad de mantener amistades, gestionar conflictos y trabajar en equipo representa un conjunto de habilidades esenciales que, si se desarrollan adecuadamente, pueden ayudar a superar momentos difíciles. Además, la red social constituye un apoyo imprescindible en los momentos de necesidad.
Autorregulación emocional: consiste en la capacidad de reducir y modular la intensidad de lo que sentimos, llevándola a un nivel tolerable y manejable que nos permita estar plenamente presentes en el aquí y ahora, eligiendo con mayor conciencia cómo actuar o responder a un estímulo.
La autorregulación emocional implica también la capacidad de contener las propias reacciones ante estímulos emocionalmente significativos y de gestionar emociones complejas como la ira, la excitación, la ansiedad, la depresión y el miedo, sin descargarlas (acting-out) sobre uno mismo, sobre los demás o sobre el entorno.
Una alta tensión emocional, cuando no se acompaña de capacidades de autorregulación, puede desembocar en comportamientos de acting-out que son evolutivamente normales en los niños pequeños, pero que se vuelven disfuncionales y potencialmente peligrosos a medida que se crece. Esto ocurre especialmente cuando la persona se enfrenta a contextos de vida en los que resulta fundamental respetar reglas y comportarse de manera coherente con diferentes circunstancias y situaciones.
Para información sobre consulta psicológica y psicoterapia online:
Dr. Antonello Viola, psicólogo-psicoterapeuta
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