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Implicaciones Cerebrales en el Trastorno de Estrés Postraumático

Cuando el cerebro vive en modo alerta: comprender el PTSD desde la neurociencia para sanar el trauma


Si estás viviendo un trastorno de estrés postraumático (PTSD), es importante comprender cómo funcionan las distintas partes de tu cerebro. Tu cerebro está dotado de un sistema de alarma que normalmente ayuda a garantizar tu supervivencia. En el PTSD, sin embargo, este sistema se vuelve excesivamente sensible y se activa con facilidad: a su vez, las partes del cerebro responsables del pensamiento y de la memoria dejan de funcionar correctamente, ya que un nivel excesivo de alerta nerviosa (hiperactivación mediada por el sistema nervioso autónomo simpático) determina una especie de apagado o desconexión.

Cuando esto ocurre, resulta difícil separar los eventos seguros que suceden en el presente de los eventos peligrosos que ocurrieron en el pasado. El estrés postraumático es una respuesta normal ante eventos traumáticos; sin embargo, el trastorno de estrés postraumático es una condición más grave que tiene un impacto sobre la función cerebral y a menudo deriva de traumas vividos durante combates, desastres o violencias, y otros eventos con fuerte impacto estresor-traumático.

En los últimos 40 años, los métodos científicos de “neuroimaging” han permitido a los científicos observar que el trastorno de estrés postraumático provoca cambios biológicos distintivos en el cerebro. No todas las personas que sufren PTSD presentan exactamente los mismos síntomas o los mismos cambios cerebrales, pero existen patrones observables que pueden ser comprendidos y tratados.

En tu cerebro, la amígdala (una estructura subcortical profunda encargada del procesamiento de las emociones) activa tu sistema de alarma natural: cuando ocurre un evento inquietante, normalmente envía una señal que provoca una respuesta de miedo. Este tipo de respuesta tiene sentido cuando las alarmas suenan en el momento adecuado y por la razón correcta, con el fin de mantenerte a salvo.

Por el contrario, quienes sufren PTSD tienden a presentar una respuesta hiperactiva, por lo que puede suceder que algo inocuo, como por ejemplo el ruido intenso producido por un automóvil o un motor, la observación de una situación o de una imagen en realidad inofensiva, pueda desencadenar inmediatamente una respuesta de pánico, debido al condicionamiento creado por el PTSD y a la activación de las correspondientes memorias emocionales implícitas almacenadas durante el trauma original.

Tu amígdala es una parte primitiva y animal de tu cerebro que está conectada a la corteza cerebral para garantizar la supervivencia; por lo tanto, cuando está hiperactiva resulta difícil pensar de manera racional, clara y lógica.

Tu corteza prefrontal (la parte más anterior de tu neocorteza) es la región del cerebro que te ayuda a pensar en las decisiones, observar cómo estás pensando (procesos de autorreflexión y autorregulación, en las funciones de un Yo observante) y a frenar cuando te das cuenta de que algo que al principio temías en realidad no era peligroso ni constituye una amenaza objetiva: en esencia, la corteza prefrontal ayuda a regular las respuestas emocionales desencadenadas por la amígdala.

Lamentablemente, en los individuos que han desarrollado un PTSD como consecuencia de un evento traumático, la corteza prefrontal no siempre logra hacer su trabajo cuando sería necesario. Una amígdala hiperactiva combinada con una corteza prefrontal hipoactiva crea una tormenta perfecta.

Para utilizar una metáfora, sería más o menos como presionar al máximo el acelerador de un automóvil en una bajada y luego darse cuenta de que los frenos no funcionan.

Esto permite comprender por qué quien sufre PTSD podría:

  • sentirse frecuentemente ansioso por cualquier cosa, incluso solo ligeramente relacionada con el trauma original que condujo al PTSD

  • tener fuertes reacciones físicas ante situaciones que en realidad no deberían provocar una respuesta de miedo

  • acostumbrarse a evitar situaciones que podrían desencadenar esas intensas emociones y reacciones

Otras experiencias comunes del trastorno de estrés postraumático, como sentimientos no deseados que aparecen de la nada o estar siempre en busca de amenazas que podrían conducir a nuevos traumas, parecen estar relacionadas con el hipocampo, otra importante estructura subcortical especializada en el procesamiento del almacenamiento de la memoria en el cerebro: tu hipocampo es, de hecho, muy similar a la memoria de una computadora que almacena archivos en su disco duro.

Después de un trauma, tu hipocampo trabaja para recordar el evento con precisión y darle sentido, pero dado que un trauma suele ser abrumador, no toda la información se codifica correctamente: esto significa que podrías tener dificultades para recordar detalles importantes del evento, o podrías encontrarte pensando mucho en lo que sucedió porque tu hipocampo está trabajando intensamente para tratar de dar sentido a lo ocurrido.

En cualquier caso, una amplia gama de memorias sensoriales y emocionales se almacenan en el hipocampo durante el trauma, y estas memorias adquieren un carácter “inconsciente”, es decir, se convierten en memorias “implícitas”: son precisamente estas memorias las que se reactivan y determinan el desencadenamiento y la intensidad de las respuestas de estrés intenso y ansiedad cuando el individuo que ha desarrollado un PTSD recibe estímulos que presentan analogías con aquellos que caracterizaron la escena del trauma.

 

Las estructuras subcorticales de la amígdala y el hipocampo contribuyen a la percepción de las vivencias emocionales, a las correspondientes memorias y a las acciones asociadas al miedo; la corteza prefrontal contribuye al pensamiento claro y lógico y al proceso de toma de decisiones.

Comprender cómo funcionan estas estructuras cerebrales también podría explicar por qué algunas terapias pueden ayudarte a superar el trastorno de estrés postraumático. En el tratamiento del PTSD es muy importante la desestructuración y el reprocesamiento de las memorias emocionales implícitas vinculadas al trauma, así como el aprendizaje de estrategias válidas de relajación y de reducción de los estados de hiperactivación e hipoactivación nerviosa debidos a la activación de dichas memorias.

Actualmente, entre los métodos psicoterapéuticos más utilizados en el tratamiento del PTSD se encuentran el EMDR (acrónimo de Eyes Movements Desensitization and Reprocessing), la hipnoterapia y la psicoterapia sensoriomotriz.

 

Para información sobre consulta psicológica y psicoterapia online:
Dr. Antonello Viola, psicólogo-psicoterapeuta
Correo electrónico: antonello.viola@gmail.com
WhatsApp: +39 3200757817


 


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