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Las personalidades controladoras: cómo reconocerlas. A veces, el verdadero cambio comienza cuando se deja de apretar… y finalmente se aprende a soltar.

 


«Las personas que sienten la necesidad de controlar a los demás 
no tienen control sobre sí mismas».

El maniático del control

El maniático del control es una persona que siente una necesidad obsesiva de ejercer control sobre sí misma y sobre los demás, y de asumir el mando en cualquier situación.
La actitud maniacalmente controladora caracteriza a diversas estructuras de personalidad de tipo patológico, y suele generar conductas extremas que pueden deteriorar las relaciones.

Con frecuencia, hombres y mujeres con una alta necesidad de control presentan rasgos de personalidad obsesiva y narcisista; suelen estar enfadados (abiertamente irascibles o de forma más encubierta pasivo-agresivos), ser fóbicos o padecer trastornos del estado de ánimo.

Estas personas necesitan el “control” porque, sin él, generalmente se sienten invadidas por el miedo a que las cosas terminen por superarlas y disminuirlas, a ser desvalorizadas o no reconocidas, y a que, en consecuencia, su vida pueda arruinarse.

A un nivel más profundo del frecuente Ego grandioso de la personalidad controladora maníaca, existe un sentimiento de inferioridad y una autoestima precaria, que solo pueden gestionarse a través de la ilusión de poder controlarlo todo y prevalecer sobre todo.

Podemos encontrarnos con una personalidad controladora en cualquier ámbito: familiar, laboral o amistoso.
Pero ¿las personalidades controladoras son conscientes de serlo?

Por lo general, dado que estas personas necesitan un alto nivel de control, también necesitan controlar su imagen. Por ello, incluso si llegan a reconocer que tienen una fuerte necesidad de control en ciertas situaciones, rechazarán ser etiquetadas como controladoras o cualquier asociación con problemáticas relacionadas con su personalidad y su exceso de control.

Con frecuencia, hombres y mujeres controladores justifican su conducta con frases como:

  • «Tengo que ser así para hacer todo lo que puedo»

  • «Hacen falta personas como yo porque está lleno de incompetentes»

  • «Todo se vendría abajo sin mí»

Es fundamental distinguir entre un deseo sano de gestionar algo de forma funcional y una actitud controladora patológica, a menudo vehiculada por tendencias simbióticas o manipuladoras y por factores intrapsíquicos de fragilidad, como baja autoestima y escasa diferenciación del Yo.

El desbordamiento del control nunca es funcional y suele provocar malestar psicológico, tanto en quien lo ejerce como en quienes lo padecen.
La disfuncionalidad del control rígido radica en que, en la vida, muchas cosas están fuera de toda posibilidad de control. Cuando, debido a la interiorización de estándares de perfeccionismo irreales, se necesita un control total —imposible de alcanzar—, aparece inevitablemente la ansiedad, causada precisamente por esos objetivos rígidos e inalcanzables.


Principales características de las personalidades controladoras

1. Necesitan ganar siempre las discusiones o tener la última palabra

Relacionarse con personas altamente controladoras es muy difícil, ya que establecen reglas rígidas y las aplican de forma inflexible.
Suelen actuar con la intención de demostrar superioridad, esforzándose por parecer los más prácticos, hábiles, lógicos e inteligentes en cualquier grupo.

2. Se niegan a admitir cuando se equivocan

Este es uno de los rasgos más molestos para parejas, amigos o familiares.
Incluso ante errores mínimos, las personas controladoras se esfuerzan en no reconocer que han fallado, porque temen que otros utilicen esa admisión en su contra o los perciban como incompetentes o estúpidos.
Su pensamiento es dicotómico: todo o nada, blanco o negro, bueno o malo. Todo lo que queda en medio les genera malestar.

3. Sienten una fuerte necesidad de corregir a los demás

Mientras minimizan sus propios errores, no muestran indulgencia con los ajenos.
Corrigen incluso detalles insignificantes y adoptan a menudo el rol del “contradictor sistemático”, con el fin de imponerse y tener razón.
Esto les proporciona una sensación de poder y control, necesaria para regular su autoestima frágil.

4. Critican y juzgan constantemente

Son personas extremadamente críticas y moralizantes, justificando todo en nombre de los “principios”.
Juzgan cómo los demás deberían comportarse y vivir, y aunque siempre tienen una respuesta para todo, un observador atento notará que suelen ser profundamente hipócritas.

5. Muestran una actitud invasiva

Tienden a invadir la vida ajena, especialmente en relaciones cercanas.
Con sus palabras y conductas desalientan la autonomía, corrigen de forma constante e inducen progresivamente a una relación de dependencia, basándose en la creencia de que siempre saben qué es lo mejor para los demás.

6. Conducen con rabia y agresividad

Los maniáticos del control suelen conducir con frustración intensa.
Creen ser los únicos que conducen bien, critican a los demás, insultan y se irritan por cualquier obstáculo.
Carecen de la capacidad de aceptar múltiples perspectivas de la realidad, mostrando una marcada rigidez mental.


Reflexiones finales

Las personalidades controladoras ponen en marcha comportamientos que generan frustración y resentimiento, especialmente en las relaciones más íntimas.
Sus acciones están impulsadas por factores psicodinámicos profundos y por la convicción de que necesitan comportarse así para sobrevivir emocionalmente.

Si te reconoces en muchos de estos comportamientos, quizá sea el momento de preguntarte si estás cansado de intentar controlarlo todo y de empezar a cuestionarte y aprender a soltar.
Si, en cambio, alguien cercano muestra estas conductas, puede ser necesario hablar de ello con claridad, aportando ejemplos concretos, explicando las consecuencias y dando tiempo al cambio, sin rendirse.


Sugerencias para relacionarse con personas altamente controladoras

  • Mantén calma, compostura y asertividad

  • Toma distancia cuando sea posible

  • Pasa de una actitud reactiva a una proactiva

  • Defiende tus derechos

  • Recupera tu poder personal

  • Usa el humor de forma adecuada en situaciones leves

  • En casos graves, expón claramente las consecuencias de sus conductas

La capacidad de nombrar y sostener las consecuencias es una de las herramientas más eficaces para desestabilizar el control rígido y, tal vez, abrir la puerta a la reflexión y al cambio.


Para información sobre consulta psicológica y psicoterapia online:
Dr. Antonello Viola, psicólogo-psicoterapeuta
Correo electrónico: antonello.viola@gmail.com
WhatsApp: +39 3200757817

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